2022

A MITAD DEL CAMINO (I)


 



XXV

Es un punto. Ignora si uno final.
Nunca ha sido fan de los viles mayos,
siempre han llegado vestidos de luto
con la vida, y el correr de sus años.
 
El dejar ir, avanzar, soltar
el no haber encontrado su lugar
el equivocarse muchas veces
algunas veces que olvidó contar.
 
Es un punto. Uno silencioso.
Que prefiere la paz y su calma
a dejarse dar por dardos peligrosos
que condenen a su pobre alma.
 
Es un punto. Y érase una vez
que se acompañó de otros más
pero, oh, condenada mala suerte
al final, resultó ser un punto de tres.
 
Y las pocas veces, aquellas veces,
que el punto tuvo la oportunidad
de formar con otro, un bonito par
su inútil corazón no supo actuar.
 
El poder desde lejos observar
una esquiva y cara felicidad
y el punto pobre y harapiento
al que sus monedas no le alcanzarán.
 
Es un punto. Ojalá no uno final.
Ya no es fan de los mayos fríos,
de los "para siempre" perdidos:
cadenas atadas a destinatarios vacíos.
 
Es un punto, pero aún busca un par,
su lucha es de todos los días
echando lo que no se puede quedar
ni ayer ni ahora ni nunca, para variar.

(Octubre, 2021)

 

 

XXXI

Mi huracán agridulce
testigo de mis derrotas,
compañía en mis desventuras,
el premio mayor en mis victorias.
 
Hechura de un demonio o un Dios,
la arena que ha girado
en el reloj de cristal,
con cada latido de mi corazón
veces incontables;
al ritmo suplicante de mi respiración.
 
De cualquier forma escaparme quiero
encontrar una salida al reino de Morfeo,
y devolver esa última sonrisa
ante mi inocente cuestionamiento.
 
Huracán agridulce y seco
devuélvenos los ausentes eneros;
los marzos que solían ser nuestros.
 
La interrogante está presente
de si cuando voy tú vienes,
y si todavía habita en la suave brisa,
algo de ti que pueda hallar en Darío y su Sonatina.
 
Pero ahí vamos, esperando una fecha,
un día en el que dejemos de ser
víctimas del pasado; vanidad pura,
todos los días que hemos faltado
un gran recuento que resumir podría
en los veinte o quién sabe cuántos de Neruda:
que recita sobre corto amor y olvido largo.
 
Quiero pensar esta lluviosa noche,
que quienes fuimos en ese lejano entonces, todavía podemos ser, alguna otra vez,
fuera de los sueños, los mismos corazones.
 

(Enero, 2022)

 

MAR Y CARACOLA

Ya no creo verte
al final de mi camino
como meta, como destino;
pero qué cerca te presiento
como si cada día que pasara
no fuera uno más, sino uno menos.
 
Estás tan cerca, quizás a unos pasos
pero no me he dado cuenta
porque soy jodidamente distraída
y nunca escucho cuando debería.
 
El fresco eco de un beso
atormenta a mi oído derecho;
pero no me impide escuchar tu voz
tan diáfana aunque algo lejana.
 
Cuánta vida ha transcurrido
entre todo lo que hemos crecido
celebrando tus logros y los míos,
o el lamento de todo lo que perdimos,
y no como el buen par que prometimos
si no como dos piezas que, aunque separadas,
aún encajarían sin tantos líos.
 
Aún sigue el eco de ese beso
retumbando fuerte en mi oído derecho;
una caracola cerca de mi oreja
seduciéndola con el sonido de sus olas
que en un breve momento se alejan.
No son lo mismo el sonido de una caracola y la mar:
cuando el de una se esfuma, el otro se queda.
 
Los buenos marzos que nos han seguido,
ver una cálida noche a las calles, la ciudad,
calles que una vez fueron de arena
y, con el tiempo, se cubrieron por un protector asfalto.
 
Un pañuelo que se mueve con la brisa,
un largo adiós después de oír mi canto,
las direcciones diferentes que tomamos
pero el mundo es redondo ¿acaso lo olvidamos?
 
"Las cosas pasan por algo"
aún guardo conmigo la lección
en honor a los años que han pasado,
a mi prosa joven e imperfecta,
a ese buen vino que te causaba jaqueca
y a los fines de semana sin fines.
 
Un pañuelo que está bajo nuestros pies
un tímido hola, tiempo después
a mitad de nuestro camino y su extraño revés
el mundo es redondo: lo recordaremos otra vez.

 (Marzo, 2022)