2020

LA LEY DE LA SELVA


Renata vivía con su madre en las alturas de una ciudad casi en ruinas, llena de humo por doquier, casi podía tocar las nubes que se parecían a algodones de azúcar, algodones que alguna vez le había pedido a su madre, pero por esas cosas de la vida, no había podido conseguirlo para ella.

Jamás le había faltado amor en aquel humilde hogar de su familia monoparental, sin embargo, al salir de casa con rumbo a esa escuela, por vez primera, se dio de bruces con una realidad distinta a la que estaba acostumbrada a diario, una realidad tortuosa por la que se fue dejando atrapar sin que su madre ni nadie más lo supiera. Hasta hoy.

De pequeña estatura, contextura delgada y casi siempre en silencio, con la mirada perdida en un punto ciego, con la mente quién sabe dónde: Un buen juguete para brindarles momentos de diversión a ellos, de seguro.

La estudiante, que, aun ingresando a clases mucho después de sus demás compañeros, había hecho de sí misma un ejemplo a seguir y a quien los profesores adoraban por el talento que cargaba con ella, la que sobresalía en ese mísero lugar, al que nunca pudo llamar segundo hogar porque no lo sintió así jamás —lugar al que jamás quiso ir de buenas a primeras, pero, al fin y al cabo, por el tiempo y el dinero que escaseaban, no le quedó de otra—. Esa era Renata, quizá demasiado ingenua como para considerar sus amigas a un par de brujas que unos meses después de su arribo a la nueva escuela, mostrarían sus verdaderas caras. Todo el grupo con el que compartía el aula se conformaba de chiquillos de su edad aproximadamente (chiquillos no, más bien pequeñas cabras de monte que por influencia familiar o lo que sea, habían predispuesto su propia ley de sobrevivencia en el aula; “la ley del más fuerte”) y Renata no era lista ni mucho menos fuerte, como iba a serlo si cada lunes y viernes, durante las horas del canto del himno nacional siempre estaba como primera en la fila de su aula, al fin y al cabo, esa sería la primera debilidad que los demás sabrían aprovechar perfectamente.

Durante un día soleado y cálido que abrazaba la escuela, en medio de los muros de barro que la rodeaban, el par de brujas vio por conveniente aliarse junto a un par de ogros para observarla bien y sacar a relucir uno de los mayores defectos físicos de Renata, ella los oía reírse y no decía nada, no se quejaba ni mucho menos intentaba defenderse siquiera, después de todo, ellos la superaban en número y fuerza, así que siempre le llevarían ventaja. El cuarteto había encontrado a una presa fácil para hacer objeto de su diversión, por lo mismo, eran muy felices en su miseria.

La segunda vez, decidieron dejarla sobre el techo de la boletería del estadio al que solían ir para el curso de educación física; el cuarteto rió, los demás rieron, el profesor rió también al ver que Renata, acrofóbica, no tenía las habilidades para bajar de ese lugar, ¿cómo subió allí? sencillo, el cuarteto la apoyó con lo mejor que tenían: ¿la amenaza de una paliza quizá?, y a los dos minutos, la payasa del salón estaba en lo más alto viendo con desespero como nadie pensaba ayudarla a bajar, al final del día, luego del relajo y las risas logró bajar en silencio, con ganas de solicitar auxilio a la autoridad máxima del aula, ¿pero a quién acudiría si estaba el jefe de las cabras al mando disfrazado de autoridad?

Renata iba encendiendo dentro de sí una pequeña llama de remordimiento, con el correr de las semanas. Ese solo era un estúpido lugar donde, se supone, se deberían impartir conocimientos y respeto. Pero no había nada. Cada uno —más bien los más hábiles y fuertes — hacían su santa voluntad. Renata estaba cansada. La tercera vez, casi a fines de año, el cuarteto y sus seguidores se reunieron alrededor de un coliseo de gallos para presenciar una interesante pelea, pero no una de gallos, sino una en donde participaría la bruja menor y el espectáculo de la tarde, llegaba gracias a Renata, (que no era para nada fan de las peleas) y que, desde antes de la pelea, tenía muchísimo que perder. De alguna manera debía sacar ventaja de su tamaño, pero era demasiado pequeña y no tenía la suficiente fuerza para enfrentarse contra una bruja que la superaba por un par de años quizá (y que compartían aula gracias a las ventajas de haber repetido de año, por supuesto). Para el final del mediodía entre risas y burlas, la cabeza de Renata rebotó cual pelota de básquet sobre la arena debido a una certera patada, entonces, solo atinó a cerrar los ojos y tragarse el dolor. Seguido de un montón de patadas de las otras brujas y sus compinches, seguramente. Definitivamente, la paliza de su vida. Esperaba no tener consecuencias que lamentar más adelante. No se atrevería a decirle nada a su madre. La pobre mujer llevaba consigo miles de problemas por resolver, ¿para qué agregarle una preocupación extra?

La cuarta vez llegó en cómodas cuotas; esconderle las zapatillas mientras todas se cambiaban en las duchas de una piscina, luego, al parecer, se les iluminó el cerebro al par de brujas y dejaron de molestar a Renata por un par de semanas. Semanas en las que fingieron tan bien ser sus amigas, y la pequeña crédula les creyó, casi para el final de la semana, “las amigas” se enteraron de que su buena amiga Renata había recibido como regalo un set de maquillaje; era el momento de cobrar la segunda cuota. Es así como le pidieron que llevara a la escuela el maquillaje, le hicieron prometer que su madre no se daría cuenta. Para el final de las clases y del día, a la vista y paciencia de todos en la escuela, Renata parecía una payasa por el exceso de maquillaje, una payasa quien al borde de las lágrimas buscaba el set de maquillaje que le habían hurtado misteriosamente, era valioso para ella, claro que lo era; un regalo que su madre había logrado conseguir con tanto esfuerzo, ya no estaba más. Las risas aún hacían eco en los oídos de la desdichada.

Para la quinta —y última vez— extrañamente no fue a causa de ningún miembro del cuarteto, en la historia, apareció un extra que los ayudó a hacer su día más divertido. Renata volvía del patio luego del receso y se disponía a subir las escaleras con sumo cuidado (jamás había aprendido a subir y bajar las escaleras de forma rápida- como todos los demás- y al saberse torpe, tal vez temía por su vida).

El cuarteto observaba con cautela desde un rincón sin percatarse de lo que ocurriría, pronto, la asechó un tipo que probablemente tendría su edad, pero para tan corta edad, tenía cara de depravado, y en efecto, así como vino, se fue luego de subir su falda y mostrar su ropa interior, causando un espectáculo de risas inacabables. Los colores se le subieron al rostro a la pequeña, quien, en shock, solo escuchó a la lejanía, un coro de risas perfectamente reconocibles. De aquel día solo guardó unos cuantos recuerdos; el “¡Oye, tus calzones tenían dibujitos!” del par de brujas, seguido de sus ganas inmensas de llorar, sus risas sofocantes y el nombre de aquel infeliz: Samuel.
Días posteriores a la agresión, Renata buscó a una autoridad que llevara cuenta de lo sucedido, por vez primera y armándose de valor, buscó al docente que a su parecer era el más serio y rígido, y por casualidades de la vida, también le dictaba clases al infeliz, ni bien se lo hubo comunicado, “Seguramente solo estaba jugando, es solo un niño, los varones son así, traviesos” le respondió el docente armado de su seriedad y rigidez. Renata no dijo nada más, en silencio, con coraje contenido, volvió a su casa y su madre jamás lo supo tampoco, ni nadie más, aparte de ella y su almohada.

“Luego de estos episodios, no supe nada más sobre el tema, pero supongo que la pequeña aguantó como una heroína y siguió en silencio, porque de vez en cuando solía venir a visitarme por las noches y se sentaba al pie de mi cama, mientras no hacíamos más que ver nuestras miradas perdidas. La confianza se reflejaba en un espejo, tanto que un día, decidió platicar conmigo sobre sus otras desdichas, pero de esto, no me había hablado jamás.

Hace muchos años que no venía, hasta esta noche, noche en la que, en medio de lágrimas amargas, supe que aquella pequeña jamás creció; que se quedó para siempre con 8 años. Pero eso es lo de menos, lo importante, es que, aunque ella no haya crecido y no tenga nunca la fuerza suficiente para defenderse, yo sí crecí y me hice más fuerte físicamente. Lo importante, es que Renata jamás volverá a estar sola otra vez, sin tener a alguien que la defienda. Ahora estoy yo, y estoy muy segura de que esos cobardes no podrán jamás contra ella, no de nuevo”.

LA PEQUEÑA VENDEDORA DE GOLOSINAS


Verde y nada más que verde. Atravesaba densa vegetación, entre hojas de plátano y casas peculiares de madera que se elevaban ante mis ojos, como si un pequeño recuerdo aún no vivido estuviera a punto de revelarse para mí.

Era extraño. Mientras el camino se iba acortando, me acompañaba de risas mayores; las conversaciones eran de todo menos aburridas y banales, vaya uno a saber con exactitud si había o no nacido ya en la época sobre la que charlaban y debatían animadamente. Mi cuerpo estaba ahí, pero mi mente se perdía y esperaba con ansias un solo destino. La vegetación iba acrecentándose y las curvas del camino eran cada vez más y más sinuosas. Asomé mi cabeza y un pequeño lugar se asomaba entre árboles flacuchos con hojas de forma curiosa, de los que, hasta hoy, ignoro el nombre todavía...

“Caminaba y no pensaba detenerme, hacía algo de calor, pero eso era lo de menos ahora. Me habían hablado sobre este lugar muchas veces, lo recuerdo con exactitud. No había demasiada gente por aquí, aun así, todos parecían vivir en paz, seguramente todos se conocían, pero yo era una foránea más. Algunos se saludaban con un “buenas tardes”, y nadie parecía mirar a la extraña que apenas había llegado. Mis pasos no eran raudos, sin embargo, buscaba un no sé qué con la mirada (o a un no sé quién). Hasta que los vi. Sentados al pie de una modesta capilla: Un par de niñitos que no deberían pasar de entre 6 y 8 años, él vestía ojotas, pantalones cortos y un chullo y ella; zapatos diminutos, pantalones y abrigo rosa y lucía un par de colitas como peinado. Yo seguía viéndolo todo desde cerca. No quería perderme nada. De repente, ambos se levantaron y decidieron jugar a perseguirse. Yo los seguí con la mirada, la niñita se distrajo cuando su acompañante le hablaba y tropezó con una pequeña piedrecilla, él le ayudó a levantarse y limpió su rodilla. Yo sonreí —Es algo que mi hermano también haría— pensé. Ambos pasaron entre risas por mi lado y ninguno pareció notar mi presencia. Cuando ya estaban bastante lejos decidí seguirlos, pero apenas empecé a caminar, ambos se perdieron en un callejón al que me asomé, pero no había nada; solo un par de perros que apenas acababan de despertar de su siesta, al parecer.

No era una población ruidosa, su ambiente me causaba una nostalgia sin causa aparente. Un par de señores enojados caminaban hacia mí, discutían, por el alto tono de voz que estaban usando —¡Perdimos 6 a 0, compadre!, es la noticia más fresca y la más amarga también —decía uno —Los argentinos son unos sobornadores de mierda, no puedo decirte nada más... — y es todo lo que oí, mientras los engranajes de mi cerebro trabajaban para saber de qué partido estaban hablando, con lo distraída que suelo ser, no me extrañaría haberme perdido alguno de los partidos de la selección. Luego seguí oyendo la discusión entre aquellos hombres, que ahora se perdían en la lejanía. Observé mi muñeca izquierda y daban las 2 y cuarto, mi estómago comenzaba a protestar por alimento y mi sed debía ser saciada cuanto antes.


—¿Cuánto llevo caminando? —pensé en voz alta e inicié un monólogo, como solía hacer cuando me encontraba sin compañía. Probablemente poco más de media hora, razonaba. Vaya. Poniendo un poco más de atención a los negocios locales, buscaba un lugar donde vendieran comida o algo parecido, no lo encontraba y era extraño, bastante, a decir verdad. Mis pies empezaban a cansarse, y un gran bostezo se hacía presente. Me detuve frente a una gran casa de material noble, una que no se parecía a las demás. Parecía que un negocio funcionaba en la primera planta, y digo parecía, porque estaba cerrado. Medio metro a la derecha ¡eureka!, di por fin con algo que comer; una pequeña niña tenía un pequeño puesto de golosinas en la segunda puerta de la gran casa.

Esa niña se parecía tanto a la que acababa de perder de vista hace un rato, creo... no, no creo, era la misma, pero cómo me explicaba su cambio repentino de peinado y de vestuario. El hambre me hizo actuar casi en automático y acudí a ella cruzando la arenosa calle. —Hola —saludé, mientras evaluaba lo que compraría — Ella pareció no oírme. Me aclaré la garganta. —Hola... ¿podrías darme una gaseosa? —le señalé con mi dedo a una de sabor limón que llevaba por nombre “Lulú”. Nunca antes había oído sobre ella, debe ser una gaseosa local, creí. Y la niña giró su rostro hacia los lados, como cerciorándose de algo, cuando yo estaba delante suyo. Pero nada, parecía que solo hablaba con el viento. Ella no me estaba escuchando. Con toda la paciencia del mundo, que no era una de mis virtudes, pasé una mano delante de sus ojos moviéndola en forma de saludo —Tal vez no puede oír... — pensé, pero de inmediato llegó a mi mente el recuerdo de que había girado la cabeza al oír el —¡Te atraparé! —mientras huía de su pequeño acompañante. Al ver que ninguno de mis intentos por llamar su atención funcionaba, decidí tomar unos cereales de su carretita por mi cuenta, al hacerlo, mi mano atravesó la bolsa. Fruncí el ceño extrañada.

Lo intenté una vez más con unas extrañas golosinas, pero nada. Parecía que yo acababa de conseguir un súper poder en ese instante, pero era frustrante a la vez. Sucedía con cada cosa material que intentaba tocar. De pronto se oyó una voz desde dentro de la gran casa —Jani, ¡jamuy, ñam mikusunña! — ¿Jani? el nombre, que al parecer era el de la pequeña vendedora, hizo eco en mi cabeza... y a nadie más en el mundo llamaban así, a nadie más que a mamá... (una mala pronunciación de su nombre: Jane) —¿Pero qué demonios? —me pregunté. La pequeña vendedora, tomó un cobertor de plástico y lo puso sobre su mercadería, estaba a punto de retirarse, supuse. Y no me equivoqué, pero en el proceso de entrada hacia su casa dejó un pequeño cuaderno naranja a la vista. Aproveché su ausencia para primero, ver si podía sostenerlo o lo atravesaría, como todo lo que había intentado tocar hasta ahora. — ¡Apresúrate, tenemos que partir ya! —oí como alguien me llamaba a lo lejos. Debía volver al bus ya o se irían sin mí. Con las prisas y la curiosidad, no podía perder la oportunidad de tomar ese pequeño cuaderno, no para hurtarlo, si no, porque parecía tener un nombre escrito en la portada, con una caligrafía infantil, y necesitaba saber cómo se apellidaba esa pequeña vendedora de golosinas a la que curiosamente llamaban igual que a mi madre. Creí que no lo conseguiría, pero lo logré. Fijé mis ojos en la pasta y me sorprendí al ver los nombres y apellidos completos de mi madre ahí. Qué era eso, me pregunté con algo de temor.

Una voz desconocida me respondió que tal vez, ese era un pequeño regalo de Dios, por lo que, en forma de agradecimiento por los momentos vividos, no debía alterar el curso natural del tiempo. Sin embargo, no me resistí y al ver que estaba por terminarse mi tiempo, tomé un lapicero desgastado con el que, a las carreras, escribí:

«Gracias por ser la luz que todos los días guía mi camino. Por favor, no te apagues nunca. En un futuro, no temas ante la duda de saber si serás o no, una gran mamá, porque te aseguro que eres la mejor desde hace 22 años. Te amo. L.»

Casi de inmediato, puse los objetos en su lugar y sin voltear a ver qué sucedería detrás de mí, eché la carrera de mi vida hacia el bus que me llevaría hacia la ciudad que era el destino final de mi viaje: Kimbiri.”

PRINCESA


Creo que te había imaginado desde que tenía quince, no estoy muy segura todavía. Desde entonces, no he dejado de pensar como sería de diferente mi mundo cuando llegaras. Seguramente los días rutinarios se terminarían y cada nuevo día llegaría con su magia y tus mil y una ocurrencias.

Habitaríamos un enorme lugar en el que pudieras sentirte segura, cómoda y feliz, puedo asegurarte que, desde el primer momento de observar tus ojos, esa se convertiría en mi única y más importante misión de vida, mucho más que la de haber ya hecho un futuro, conseguido el trabajo de mis sueños, o haber viajado por el mundo.

Mamá sería una excelente consejera, de seguro, sobre como acompañarte por el sendero correcto de la vida, si ella supo inculcarme lo mejor de sí, imagino que no sería menos contigo, es más, creo que te consentiría en demasía.

Ahora, que apenas he caminado 21 otoños, dando pasos lentos pero seguros, he caído más veces de las que me he levantado, algunas veces, lo he hecho sola, otras, mamá me ha dado la mano para seguir adelante y ha hecho tanto por mí, demasiado, desde aquel día, en el que, a un par de ojos marrones que no estaban para nada sincronizados, les dio la primera luz del día.

Este año, quien yo creí que era el amor de mi vida se ha ido, dejando un enorme vacío en mí, caí en depresión, pero salí a flote a pesar de todo -supongo que lo vivirás también alguna vez, prometo estar ahí cuando eso suceda- a cambio de esa tragedia, papá ha regresado, sin siquiera haberse ido, y eso me tiene tan contenta, como no tienes idea. Creo que el intercambio que me forzó a hacer el destino, valió la pena. La vida no ha sido fácil, mucho menos un cuento de hadas o toda rosa –y menos para mí que odio ese color- con ello, he aprendido que no importa cuál sea el color que ames; la vida es demasiado complicada para dejar que un simple color te defina, de hecho, mi habitación es azul y no me hago problemas con eso. Todo ello, es algo que he de enseñarte con paciencia –la que ahora me hace tanta falta-

Que he demorado demasiado, más que el promedio, en conseguir la carrera de mis sueños, mis papás no me dejaron mucho de donde escoger en un principio, pero te aseguro que con el pasar de los años, entendieron que no debía ser lo que ellos querían, sino, todo lo que me hiciera feliz, ahora educo a mis hermanos menores para lo mismo, y te digo desde ya, que no será diferente contigo “Serás quien quieras ser, pero serás la mejor”.

Quizá para cuando hayas llegado, no haya cambiado el mundo en mis manos, tal como lo anhelo justo ahora que redacto estas líneas, o tal vez sí, ¿quién sabe? pero debes de tener la certeza de que haré un mundo en el que seas el ser más feliz sobre la faz de este planeta, y si aún no es el mundo un buen lugar para vivir, ¿qué te parece si lo mejoramos juntas?

Serás tan bien recibida y esperada en casa, no lo dudes, porque serás la unión perfecta de dos corazones, la mitad del mío y la otra mitad de quien vaya a amar para ese entonces, cambiarás nuestra perspectiva de la vida para bien, correrás en libertad, llenando de dicha ese hogar que aún falta hacerse realidad, tal vez, lleves la música en las venas como yo; puedo jurar que tu voz junto a la mía, serán el mejor dúo de la historia, para el que, desde ya, me estoy preparando.

Valdrá tanto la pena, ahora sí, escribir cartas dirigidas hacia ti, o escribirte canciones de cuna que narren nuestra historia, ¿qué te parece escribirte muchas historias? que cada que me pidas pueda narrarte y ver en tus ojos la emoción de cada una de ellas, al saber que serás tú la pequeña protagonista. No en vano este año he vivido haciendo música y escribiendo, deseo ser la mejor en ello, porque sé bien que, al fin y al cabo, tú serás mi pequeña juez. Y aplaudirás, y te llenarás de alegría, dirás palabras sin sentido al comienzo, tal vez odies las matemáticas, ¿quién sabe?, o seas demasiado sabia para tu corta edad; te comas las páginas de una biblia para hacerte más cristiana, o aprendas a caminar de a poco y lo hagas tan mal en un principio, pero te esfuerces para lograrlo, descuida, que tendrás dos pares de manos y un par de corazones que estaremos al pendiente de no dejarte caer, nunca. Podrás tomar una mandolina y tratar de cantar junto a ella, con las palabras tan claras y precisas a pesar de tu edad, no importa que tu voz les haya ganado a tus pasos, no importa cuánto te esfuerces, si aún no es tiempo, todo lleva su tiempo, y eso lo hace perfecto; lo mismo que cada suceso que vayas a vivir.

He soñado contigo muchas más veces de las que puedo recordar, no sé a qué se deba, pero tu presencia, aunque sea en sueños, me llena de tanta paz, y sé que desde algún lugar me observas y me sonríes ahora mismo, sin yo darme cuenta, como lo hacía yo antes de llegar a este mismo lugar. Que cuidas cada uno de mis pasos, para que ya no tome decisiones tan erradas y cada buen acierto que haga, solo me haga dar un paso que me acerque cada vez más hacia ti. Que, aunque falte mucho para tu llegada, no dudes que cada segundo que pase, estaré tratando de ser mejor persona para y por ti, sin importar las circunstancias.

Que no importa la forma en la que llegues a mi mundo, importa que llegues e ilumines mis días con tus ojos y tu sonrisa, tan solo dirígeme hacia el lugar adecuado tanto como puedas y como esté en tus manos, yo no tengo la libertad de elegirte, pero tú sí, asegúrate de hacer una elección correcta; que mientras tú estés en cualquier estrella lejana que veo cada noche, les pediré a los tres espíritus que viven en mi habitación, que velen por ti ahora que todavía yo no puedo hacerlo, que cada vez que canto una canción de cuna pienso en cómo serás y he escrito esto para ti, con la mayor esperanza del mundo. Que ya te amo, desde mucho antes de conocerte, y que anhelo verte llegar en unos años más, trayendo contigo mi paz y mi libertad.

Con amor, mamá.

Razel Fernández.

MI MARCA PERSONAL DE HEROÍNA


 

«Parece como si todo, en realidad, no hubiera pasado. Mi mente me juega malas pasadas a veces, estoy olvidándolo todo de a poco, aunque no quiera. Para el día final, supongo que ya no recordaré ni siquiera quién soy. Las letras de mi nombre pesarán tanto en mi frágil memoria y de mi apellido, solo podré recordarlo como un país al que me hubiera gustado ir de luna de miel. Con todo y su revolución, no importa, pero tú y yo, de blanco con nuestros cabellos siendo mecidos por la suave brisa del caribe...

Esta noche he leído la historia de un amor, con un melancólico final, que me llegó al alma y me hizo pensar en qué sucederá si volvemos a encontrarnos dentro de 11 años, y nos vemos a los ojos otra vez. Tal vez, te vea caminando con toda la seguridad del mundo, asida de la pequeña mano de una niña que sea mitad tuya pero no mía, y me lamente una y mil veces por eso, y sufra y me acongoje. Y se repita en mi mente cansada mi «Estoy cansada de ocultarlo, sí, eres tú, tú tienes en tus manos mi corazón» y tu «Estás confundida. Para mí solo eres una amiga incondicional, pero no podemos seguir así. Gracias por todo. Adiós» y aunque ahora mi mente, casi no puede recordar tu rostro, pero te recuerda, sin embargo, con detalles, momentos y lugares. Te recuerda en cada historia de amor que leo, pero aún sigues sin rostro dentro de mis pensamientos. En mis sueños veo tu rostro distorsionado, creo que ya no podré reconocerte más adelante... quién sabe.

El vacío en mi pecho sigue, y es extraño, ¿sabes? saber que todo ocurrió, pero no saber exactamente cuándo, tener esa sensación de haber vivido instantes, pero no con quién. Es frustrante. Demasiado. Les he preguntado sobre ti a mis amigos más cercanos y, en efecto, ellos me confirman que de verdad existes. Yo les pregunto por ti, porque ignoro que hayas sido parte de mi realidad alguna vez, lo dudo demasiado. Hace algunos meses volví, por cosas del destino, hacia donde se supone está tu casa, y recordaba el camino de ida, pero me sorprendió no hallar ningún parecido de sus calles a como estaban en mi memoria, «¿o es que acaso ese muro enorme estaba allí siempre?, ¿lo habrán construido recientemente?» me pregunté y no hallé una respuesta coherente...

Y de pronto, rebusco en mi baúl de los recuerdos y puedo ver cartas que, alguna vez le escribí a alguien, supongo que eran para ti, no lo sé. Tal vez no lo hice yo, pero el papel tiene mi caligrafía y eso me hace dudar, puedo observar que con el paso del tiempo la "B" de tu nombre se ha ido borrando del papel, ahora tu nombre no se ve tan claro, como supongo, se veía antes.

Todo terminará, cuando se vaya ese sentimiento de dèja vu en mí, y junto contigo, si es que alguna vez hiciste parte de mi historia como me cuentan, la última "Y" de tu nombre...»

 

MI MARCA PERSONAL DE HEROÍNA

 

Noche es, la luna no brillando está

alumbra, el sol no ya de día

hoy desde oscuridad la escríbole

últimos latidos mis, están llamándole

fuerzas quedándome estoy sin

acerca que presiento se el fin.

 

Bebido he ni siquiera,

la destruye se hoy, primavera

noche oscura, noche oscura

hermoso cabello como su,

diciembre es, ayer octubre era

manos frías mis están por la locura.

 

Música oigo, escuchar sin siento,

empezar una historia sin terminó, recuerdo

¿Dormir puede cómo, alma un sin cuerpo?

conectar puedo no mi alma y pensamiento

estrofa corta transcurre una, “Gatos de bronce” de

a quien medianoche es, amo recuerda me.

 

¿Nadie está? ¿Está nadie? ¡Escuchadme!

hablar puedo no, cadenas pesan mis

vuelve si no a ser, volveré jamás feliz

pulso mi lento es, vez cada más

¿Está sonrisa su dónde? Ya oiré no más

espejo observo un, puedo no ya verme.

 

Cuerpo ver mi puedo, elevo me y floto,

ya dolor ningún siento, lo apenas noto,

noche transcurre la, en su beso poso un frente,

amo te, amo te, veces mil, olvides nunca lo

separamos nos siempre para, caminos tomando diferentes,

porque no sé, y me frío, mucho me hielo.

 

“Existe destino el, el creo no que,

sido haya conocernos solamente,

fruto el mera de coincidencia una...”

Amaneció, están campanas doblando las

que muerto ha creo alguien, las doblan campanas más

recuerdo nada, extraño que no, destino audaz.

 

“...Tantos somos que los habitamos,

lugar este y pocos, tan que los

dicha tenemos la, y conocerte de cerca tenerte”

El alguien cuerpo vida sin vio

mañana la, pasaba me y nadie advirtió

¡Maldición! Cuerpo la del, era yo.

 

Razel Fernández

NOCHE


Recuerdo hace años,
alguien me dijo que debería andar con cuidado
cuando llegué el amor, lo hice.

Hace frío. Camino porque ya no hay nada más que hacer, mi cabeza da vueltas, esta vez producto de las copas que bebí hace pocos minutos, lo ignoro. Está oscuro, cada vez más oscuro. Al parecer el cielo va a caerse dentro de poco y yo no le temo a nada. Lo que puede suceder en un cuerpo que no sea nada que una guía, nada más que el puro instinto cual animal salvaje, un cuerpo cualquiera que divaga, justo después de haber perdido su humanidad.
No quiero preocupar a mamá. Y ya está en el mismo tema, con diferentes personas, pero no ... aún no ha encontrado una respuesta a lo que tanto busco, una solución, una salida, un buen reemplazo. No. Mi mente tiene de las suyas cada vez que puede.

Y tú eras fuerte, y yo no,
mi ilusión, mi error,
yo estaba descuidado, lo olvidé, lo hice.

Y ahora, cuando todo se ha acabado,
no hay nada que decir,
tú te has marchado, y tan fácilmente
has ganado,
puedes seguir adelante, cuéntaselo,
cuéntales todo lo que sé ahora,
desde los tejados,
escríbelo en el horizonte,
ahora , todo lo que teníamos ha desaparecido,
cuéntales que yo era feliz,
y mi corazón está roto,
todas mis cicatrices están abiertas,
cuéntales que aquello que tenía esperanzas, era
imposible, imposible,
imposible, imposible.

Alguien llama a lo lejos, y creo reconocer esa calidez, esa dulzura. Me dirijo en automático hacia el lugar donde se origina la voz. Ahora mismo podría morir de felicidad. Lo que sientes, o crees sentir, está mal, debes hacerle caso a tu lado racional, por favor... Me equivoqué, no era quien creía, aun así, sonrío como si ya no hubiera un mañana para mí. Y, quizás, solo quizás, no esté tan equivocada. Vine a este nuevo lugar hace tan poco, lo último que recuerdo es a mamá felicitándome porque había alcanzado algo que... ya no recuerdo que era. Y detengo mis pasos a pesar de la enorme protesta de mi acompañante. Me detengo. Solo para ver mi muñeca derecha... oh, ¡hola mamá! ahí estás, conmigo como siempre. Mi sonrisa se hace más grande al notar que mi acompañante se ha convertido en un mayor grupo, y ahora andando, sí... andando.

El frío se ha ido, así como mi tristeza y en parte lo agradezco. ¿Cómo pudiste renunciar a llevar una vida normal, y amarme a mí? yo tengo al lado a alguien a quien amo, y no puedo renunciar a su amor por ti... Todos reímos y el bullicio alrededor mío es casi ensordecedor. A la mierda el pasado, por esta noche, a la mierda las promesas incumplidas, ¿para qué haces una promesa si no eres capaz de cumplirla? Todos los que te quieren y queremos le damos gracias a Dios por dejarnos saber de ti cada día, prometo que estaré contigo pase lo que pase, aunque quizá ya no físicamente, pero lo estaré espiritualmente... Palabras soeces vienen y van, risas de la nada también, al pasar entre vidrios comerciales, el brillo de nuestros ojos nos delata.

Sueño, somnolencia. Pero ellos no dejan que mi cuerpo caiga y dé contra el duro asfalto. Altas bocinas, luces neón que anuncian que algo bueno está por llegar. Quizá a la vuelta de la esquina, la iluminación es tan potente que me deja leer que nos encontramos en el cruce de Washington Avenue con la calle 13, genial. Y ante mis ojos, una antigua mansión muy colorida, que resalta “Icon” nos da la bienvenida.

***

Blanca, tan blanca como lo era su sonrisa, sonrisa de gato de Chessire que solo yo comprendía, sonrisa acompañada de un peculiar lunar; una fina línea blanca, acaba de desaparecer entre mis fosas nasales. Y la energía viene a mí casi de inmediato. A los cinco minutos, el tío Vicente taladra mis oídos con una de sus rancheras, una que creo recordar...

Su fantasma ya no me atormenta como antes, su recuerdo ya no martiriza mis días, como lo hizo durante dos meses casi seguidos. Mi habitación está tan lejana ahora Quiero que compremos una casa en Miami, pronto... y oh, casualidad, estoy en ese lugar justo ahora... la vida me ha traído muy lejos. Antes de que me dijera que no, mamá estaba tan orgullosa de mí por mis logros. Hoy hace frío, pero ya no lo siento, ya no está y no extraño su presencia en mis días. Lo único que sé ahora, es que mi lengua está entumecida, tanto que ya no puedo articular su nombre, el cosquilleo en mi paladar es constante. Y río, todo me da risa excesiva. Quizás haya llegado a mi límite esta noche. Dios y yo siempre estaremos a tu lado, no importa lo que pase... Sin embargo, cuando suena el coro de la canción y todos cantamos a todo pulmón, una lágrima rebelde se escabulle de mi ojo izquierdo. Me cuesta recordar su cara, cada vez más; el sonido de su risa o su voz, se han perdido con cada una de las horas. Y me siento libre, porque después de todo, no quedó como lo que yo quería «Un amor platónico», se lo dije, aunque no a la cara, pero lo supo. Y ya no hubo marcha atrás desde ese día. Día en el que nuestra cercanía terminó, para siempre.

Desde ese día, los eclipses no son más que fenómenos astronómicos, la luna es solo eso, un satélite de la tierra y el sol, el sol apagó su brillo por un tiempo indefinido. Me pesa cada parte del alma que ya no tengo y sí, esta noche aprendí que las promesas se hicieron para no cumplirse.

Desenamorarse es duro,
desenamorarse porque te traicionen es peor.
Confianza rota y corazones rotos,
lo sé, lo sé,
pensar que todo lo que necesitas estás allí,
construir la fe en el amor,
y las palabras llevarán promesas vacías, lo sé.

Lo sé, y ahora que todo se ha acabado,
no hay nada que decir,
y si has terminado de avergonzarme,
a tu aire, puedes seguir adelante, cuéntaselo,
cuéntales todo lo que sé ahora,
grítalo desde los tejados,
escríbelo en el horizonte,
ahora, todo lo que teníamos se ha acabado,
cuéntales que yo era feliz,
y mi corazón está roto,
todas mis cicatrices están abiertas,
cuéntales que aquello en lo que tenía esperanzas, era
imposible, imposible,
imposible, imposible.

Tal vez siga mi camino así, hasta que mis heridas sanen. Tal vez llegue a una sobredosis; a morir con tanto alcohol en mis venas, siempre con la única esperanza de que mi última copa, haya sido un brindis, nuestro.

Recuerdo hace años,
alguien me dijo que debería andar con cuidado
cuando llegué el amor, lo hice.

Imposible (James Arthur)

De “El efecto mariposa”
LCF.

LA PRINCESA QUE NO AMABA A NADIE


Érase una vez, una princesa muy bella. Tan resplandeciente como las estrellas en una noche sin luna. ¿Pero de qué le servía la hermosura? De nada. No le servía de nada. Porque era una princesa que no quería a nadie y a quien no le importaba el amor, a pesar de que muchos la amaban.

El rey, su padre, le dijo a la princesa que debía casarse y poco después, llegó un príncipe de un reino vecino y vio a la princesa, y nada más verla, se enamoró de ella. El príncipe le entregó un anillo de oro puro, se lo puso en el dedo y le dijo estas palabras: “Te quiero”. Y en seguida, la princesa se tragó el anillo. Se lo quitó del dedo y se lo tragó. — Esto es lo que opino del amor —dijo y se alejó corriendo del príncipe. Se marchó del castillo y se adentró en el bosque, perdiéndose en él. Vagó durante muchos días. Por fin, llegó a una cabaña y llamó a la puerta. —Déjame entrar; Tengo frío —dijo. No contestó nadie. La princesa volvió a llamar —Déjame entrar; tengo hambre —Le contestó una voz terrorífica. La voz dijo —Entra si has de entrar — La bella princesa entró, y vio a una bruja que, sentada a una mesa contaba monedas de oro.


— Tres mil seiscientas veintidós —dijo la bruja.
— Me he perdido —dijo la bella princesa.
— ¿Y qué? —dijo la bruja. —Tres mil seiscientas veintitrés —
— Tengo hambre —dijo la princesa.
— No es asunto mío —dijo la bruja. — Tres mil seiscientas veinticuatro —
— Pero soy una bella princesa —respondió.
— Tres mil seiscientas veinticinco —replicó la bruja
— Mi padre —dijo la princesa —es un poderoso rey. Si no me ayudas atente a las consecuencias —
— ¿Consecuencias? —Dijo la bruja. Levantó la vista del oro. Miró fijamente a la princesa. — Osas hablarme a mí de ¿Consecuencias? Muy bien, pues entonces, hablaremos de consecuencias: dime el nombre de tu amado —
— ¡Amor! —Exclamó la princesa. Estampó un pie contra el suelo. —¿Por qué tiene que hablar siempre de amor todo el mundo? —
— ¿A quién amas? —Insistió la bruja. — Debes decirme su nombre —
— No amo a nadie —contestó con orgullo la princesa.
— Me has decepcionado —dijo la bruja. Levantó la mano y añadió una sola palabra: ‘Chinchately'. Y la bella princesa se convirtió en un jabalí.
— ¿Qué me has hecho? —Chilló la princesa.
— A ver qué opinas ahora de las consecuencias —Dijo la bruja, y se puso a contar otra vez sus monedas. — Tres mil seiscientas veintiséis —dijo, mientras la jabalí princesa salió corriendo de la cabaña y regresó al bosque.

Los hombres del rey también andaban por el bosque. ¿Y a quién buscaban? A una bella princesa. En cuanto se toparon con un feo jabalí, le dispararon ¡Pum!

Los hombres llevaron el jabalí al castillo, la cocinera le abrió el estómago y se encontró el anillo de oro puro. Aquella noche, había mucha gente hambrienta en el castillo y todos esperaban que les dieran de cenar. Así que la cocinera se puso el anillo en el dedo y terminó de cortar el jabalí. Y el anillo que la bella princesa se había tragado, brillaba en el dedo de la cocinera mientras trabajaba. Fin.

- De quien no es para nada una princesa, ni lo será nunca tampoco, pero que, en lo profundo de su corazón aún tiene la esperanza de no terminar sus días como la protagonista del cuento.

“Porque una historia sin amor, no puede tener un final feliz”.

 

ADAPTACIÓN (El prodigioso viaje de Edward Tulane- Kate DiCamillo).