METAMORFOSIS
El primer par de años después de haber salido del huevo, aunque con un poco de antelación a lo común, fui una larva como pocas, algunos decían que era una larva un tanto interesante, algo torpe y despistada, sin mucha paciencia de mi lado, pero larva, al fin y al cabo, siempre larva, ante la vista de aquellos que no eran como yo. ¡Ojalá hubiera salido de mi crisálida en el tiempo promedio en el que los demás lo hacían! tal vez, de ese modo, todo hubiera sido tan diferente, pero el hubiera no existe, tampoco el tiempo para arrepentirse, sencillamente todo es como tiene que ser. El pasado es algo que no se puede cambiar.
Hoy, soy una morpho azul que apenas acaba de abandonar su crisálida. Los años pasados han sido duros de roer, como el haber recibido de regalo la rosa más hermosa, deslumbrante y perfumada y a cambio, haber olvidado que estas traen espinas consigo.
Llevo demasiado tiempo intentando cumplir el anhelo más grande de mi corazón, pero a pesar de lo mucho que lo he intentado, no he podido. Sin embargo, he visto a algunos de mi especie conseguirlo sin mucho esfuerzo de por medio, y ciertamente, es doloroso ver como aquellos pueden hacer aquello que yo no: volar.
Aquel deseo comenzó una fría mañana de enero, hace muchos años, tantos, que ya he perdido la cuenta. Allá, cuando quedé prendada de aquel arte de volar, cuando un maestro, un buen día, a base de hojas resistentes llamadas “enseñanza” y “paciencia”, construyó un par de alas para mí y me mostró como surcar el vasto cielo del conocimiento. A ese maestro, le sucedieron otros más, cada uno con distinta técnica y forma de enseñanza, tal vez uno mejor que el otro, quien sabe, pero eso no he de compararlo, por el contrario, solo he de agradecerlo.
Y tantos años después de haber recibido instrucciones de maestros memorables, de haber caído siempre una vez menos de las que me puse pie, para volverlo a intentar, hoy, por fin, sé cómo hacerlo. Sé fervientemente que ha llegado el día, que estoy lista para replicar e incluso mejorar todo lo aprendido y hacer de aquel arte lo que nadie jamás ha podido antes.
Aquel arte al que, un señor llamado Adam Smith, consideró hace más de dos siglos atrás, como la ciencia de la Economía.
“Cuando se fusionan pasión y conocimiento, el universo siempre se hace un poco más claro para aquellos que busquen saber más de él.”

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