SINFONÍA DE BATALLA

SINFONÍA DE BATALLA



 


Dos y cuarenta y tres. Estoy olvidando como respirar. Eso me asusta. (No quiero morir, pero afuera todos están muriendo y yo ansío respirar ese aire enfermo, enfermo, pero con sabor a libertad). Mis ansias de respirar más allá de mi pequeño universo azul, están acabando conmigo. No he pensado en si ya no hay más puertas abiertas tras de mí en mucho tiempo. Pero me cercioro, ante todo, una vez más. Y no, no hay más puertas por cerrar. Busco con quien charlar (y encuentro una amiga) mientras el rumbo de la conversación sigue, mi mente ha hecho silencio. Ha dejado de ser un avispero y me deja redactar. (Respirar, no debo olvidar el respirar).

Mis latidos van al cien, y aunque lo temía, no era el inicio de un pre infarto. Éramos solo yo y mi mente jugándome malas pasadas. La primera.

He recordado la sensación de escribir y hablar a diario con alguien cuya voz y rostro ignoro. Ahora no importa, pero descubrí el papel tan importante que jugaron aquellas personas que se le parecían, al escucharme y al ser mis pilares de vida, estando allí para mí en cada triunfo y derrota, y si a alguien le di el papel antagónico de mi historia, tal vez, fue porque tengo el mismo papel en la suya también. Todas esas personas, tal vez, porque fueron (es) la personificación de la seguridad y la sabiduría de mamá en otro lugar diferente de casa. Aunque bueno, en ocasiones en las que no pude evitar que el corazón interviniera, fueron mucho más que eso (¿Quién manda en el corazón?). Y siendo mi corazón tan libre de amar, mi mente se confina cada que le da la gana, muchos más días de los que, quizá, puedo permitirle.

Tres y tres. Ningún fantasma viene a visitarme. Los números impares siguen siendo mis favoritos y si me preguntan cuál es mi más grande temor, seguiré repitiendo que morir. (No quiero morir y convertirme en un espectro y ya no hacer parte de la vida de mis seres queridos, ¿proceso natural del ser vivo? tal vez, pero para mí es mucho más que eso). He leído al Dr. Brian Weiss y siguiendo el pie de su teoría y si todo es como solía recordarlo cuando tenía cinco, entonces me abriré paso a una nueva dimensión al partir de aquí, aunque no me vaya (¿seré un alma demasiado joven para temerle tanto al morir?, es lo más probable).

Una católica, pero no fanática, de mente abierta y libre (como mis letras) capaz de discernir entre un todopoderoso que todo lo ve y varios "semejantes" que dañan a su prójimo más cercano y joven, provistos de una sotana. Agradecida de seguir en esta tierra, aun pudiendo haber partido hace 23 años, creyente de la reencarnación y las letras liberadoras, que ayudan al autoconocimiento y al autocontrol como no se tiene una idea.

He conocido corazones, desde el más cálido hasta el más frío. Quien es el significado más pleno de mi apoyo y pilar fundamental, hoy, es de corazón tibio y de mente libre (incluso de "eso" que no he logrado ver hasta ahora, pero que le libera de mi Dios), sabe quien soy desde el momento cero, no podría esconderme de sus ojos durante mucho tiempo; cuando supe que me aceptaría tal como soy, sin prejuicios, entonces solo fui feliz contándole todo lo que soy y seré. Y no, ante sus ojos no me sentí de otro planeta. Le agradezco por cada uno de sus consejos, su paciencia (a veces no) y sus abrazos reparadores. Hace demasiadas cosas bien, en especial, el dejar a un lado la mojigatería y los pensamientos trogloditas y solo dedica su tiempo a escucharme y a darme consejos hechos a mi medida. Sigue ahí para mí, no es mi madre ni se le parece, pero en esencia lo es un poco, quizá.

Soy, en madrugadas como esta, alguien que ha buscado a su padre y ha creído encontrarlo unas cuantas veces en casa. Es duro recorrer un desierto y al ver, desde lejos, un charco de agua resplandeciente, en medio del sofoco y el estar sedienta, el correr incansablemente hacia este y al fin, nunca llegar, porque simplemente no había nada allí. Era un buen espejismo como para ser verdad. Supongo que todavía sigo esperando ser su orgullo, o algo que se le parezca, pero ya no me apresuro, tal vez el esfuerzo sea en vano.

Tan libre de dependencia como me siento (o estoy intentándolo aún) con un par de hombres que me quisieron, ahora ya a mis espaldas (ya perdonada y libre del rencor de uno, gracias al cielo), y otros cuantos con el deseo perdido de ser algo más que amigos, y quedándose, al fin y al cabo, como solo eso, sin reproches de por medio. No podría hacer de menos a alguien por amar, mucho menos a los que tuvieron la delicadeza de intentar entregarme su corazón en las manos, tal vez, porque durante esos momentos, se me presentó un déjà vu
y me recordó cuánto dolía entregar el corazón, que te lo pisotearan en las narices, para luego recogerlo maltrecho y con un trozo faltante.

(Le sigo temiendo a morir, pero mi mente y yo cantaremos una canción de cuna que silenciará, de a poco, a la sinfonía de batalla que ha ido sonando mientras redacto estas líneas), quizá por eso ame tanto el cantar, pero no el esperar. Porque el cantar libera mi mente de grandes temores, valiéndose de mis cuerdas vocales, y muchos “mis menores” que se pierden en el aire. Y el esperar, acaba conmigo, a través del don de la paciencia que no poseo. Espero por libertad (le temo al morir aún, pero mi mente y yo ya hicimos una tregua en tan poco tiempo), espero por respuestas que llegarán envueltas en mucha confianza, como regalo especial para mí.

A veces, como esta madrugada, tengo tanto para decir, pero mi corazón ya está calmado, mi respiración se ha restablecido y dan las tres treinta y siete. La sinfonía tocó su última nota e hizo silencio.

0 comments :

Publicar un comentario