DRAGÓN Y UNICORNIO
Hubo un tiempo, en un reino lejano, donde aún se reinicia la
magia. Y todo lo que hoy ya no vemos, aún existía. Cierto, existía
buenos y malos, como siempre, sí, pero la historia en sí mismo sobre un dragón
y un ... unicornio.
El dragón era hermoso, pero una malvada princesa y su amiga, lo
manteníamos en una gran torre; para que no tengamos que oprimir su belleza
en el reino, así como también para evitar que se salga volando y escapara - si
es que alguna vez lo intente incluso - para exhibir ante los demás. Como
resultado, no se conocía nada, ni siquiera eran amigas, ni, de hecho, ni de ser
posible ni de lejos, sino también de manera segura.
En la torre de enfrente, vivía un unicornio. Este es también un
lugar de su propio infierno, que no solo se puede utilizar como el resto de los
demás y que el mismo tiene varias marcas hechas por los hechizos. suyos, ya
que, un juicio propio, no podría hacer nada bien, tal vez lo único bueno que
hicimos un diario, era respirar para intentar seguir existiendo; es así
que, un día, decidió confinarse en sí mismo en aquella torre.
Una noche, mientras que la princesa malvada y su mejor amiga dormían y
unicornio miraba las estrellas con nostalgia, el dragón se atrevió a sacar su
cabeza por una ventana de la torre. Aquel día, el unicornio y el dragón se
vieron por primera vez. Para el dragón, el unicornio era hermoso, para el
unicornio, el dragón era perfecto.
Fue así que empezaron a comunicarse, espaldas de todo el
mundo. Entonces, el unicornio solía usar su magia para escribir mensajes
con el dragón con las estrellas, y el dragón usaba su fuego para escribir en el
cielo. De ese modo, al poco tiempo, se enamoró, pero a pesar de esto, no
se puede ser completamente feliz, pues las princesas malvadas seguimos
golpeando el dragón mientras mantenemos en cautiverio, y el unicornio
sintiéndonos inseguro sí mismo. Cierto día, decidieron ayudarse
mutuamente, así, con su cuerno mágico, el unicornio reparó - o eso se trató -
las alas del dragón, quien a su vez le envió una de sus escamas. Aun así,
no tengo nada que ver con el dragón. El cuerno del unicornio debe ser un
verdadero desastre. Entonces, y solo entonces, este último tomó una
decisión que cambiará la vida a ambos, para siempre.
Le propuso al dragón convertirlo en un ser distinto; un ser humano,
para que se pueda bajar de la torre sin problemas, de vez en cuando, se
convertirá en sí mismo también, de esta forma, su cuerno desaparecería y se
trasformaría en su nuevo corazón humano.
El dragón meditaba la propuesta en su torre, mientras que el unicornio,
en la suya, sentía miedo, demasiado. ¿Qué resultados tienen las
consecuencias de todo aquello al final? Si de algo estaba completamente
seguro, unicornio, es que estaba enamorado del dragón, y quería que ese amor se
correspondiera realmente, pero no sabía cómo probarlo, tal vez, el dragón
aceptara su propuesta.
Hasta que una idea
atormentadora llegó; ya no se haría más fácil con su defecto. Era un
momento de suceder, después de todo, ambos estaba en un punto de cambiar, y una
vez que lo hiciste, no habría necesidad de volver atrás. Sin embargo, el
miedo aún no está ahí, el tema de un día, un día en el espejo y no en otra
época. Sobre todo, temía que el dragón lo viera y ya no lo reconozca más.
A pesar de todo, el dragón aceptó de buena gana la idea del unicornio,
haciéndole saber que, aunque su aspecto cambiara, ahora no sería solo él,
serían ambos, ambos cambiarían para ser libres y poder hacer realidad su amor,
no solo ante los ojos del reino, sino, del mundo. Que lo amaría como la primera
vez que lo vio y que, aunque su aspecto físico hubiera cambiado, lo que jamás
se perdería era la esencia de su alma; muchas veces no hacía falta del lado
físico para amarse de verdad, más bien, se necesitaba del alma, eso los definía,
los hacía únicos. Por otro lado, estaba el dragón, quien debido a su largo
confinamiento y sus deseos de por fin conocer el mundo que lo rodeaba, estaba
incendiando ese mismo mundo a su paso. Su cansado corazón gritaba por libertad
a viva voz, aunque sus carceleras no lo oyeran. Entonces, también lo había
decidido ya, cambiaría, cambiaría por amor.
Si bien muchas veces se decía que el amor, el verdadero amor no podía
hacerte cambiar, ambos necesitaban hacerlo, y no precisamente porque no se
sintieran a gusto con el aspecto el uno del otro, sino, porque una vez
alcanzada la transformación, habrían sanado sus heridas más superficiales,
además de que estaban seguros, cada uno contribuiría a la curación mutua. Luego
de ello, el amor haría su trabajo.
El verdadero amor no podía hacerte cambiar, pero si necesitabas de
libertad para amar, y esa libertad iba de la mano con el cambio, entonces,
seguro que en el lugar que fuera, el cambio sí que estaba permitido.
Poco después, la transformación comenzó.
Cierto era que las marcas del unicornio jamás desaparecieron del todo,
pues la escama del dragón solo las había cubierto superficialmente, sin
embargo, todo esto permitió al que ya no era más un unicornio, ver el resto de
su nueva apariencia. Vio que era hermoso a pesar de todo, y de a poco, se fue
aceptando a sí mismo. Y si bien después de la transformación, se supo que las
malvadas princesas habían recibido el castigo que merecían, por infringir con
las reglas del reino al mantener en cautiverio a un ser tan valioso como un
dragón, aun así, cuando pensaron que todo sería felicidad para ambos, no era
del todo cierto todavía.
Muchos aldeanos no
aceptaban su romance. Sin embargo, no podemos dejar de leer, sino también
a lo largo de los comentarios negativos, mientras viajábamos juntos conociendo
el mundo que una vez, tanto anhelado, decidido ser feliz, no para siempre,
porque eso no existe. Pero lo he visto tanto como sus vidas duraron,
porque, para empezar, se salvaron mutuamente y porque fueron felices, sin importar
el tiempo ni el espacio.
ADAPTACIÓN (Lorena Miller).

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